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REPORTAJE DE LA SEMANA
Periodista: Samuel Larrauri

Pbro. Alejandro Gallesio:

“Por donde se lo mire, el tema del aborto, nunca será un bien matar a alguien, nunca será ningún bien quitar la vida”

Luego de tres años de discusión e impulso de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva que promovía la despenalización del aborto en su articulado, la misma fue vetada por el Poder Ejecutivo, en cumplimiento del anuncio realizado desde el comienzo del nuevo período de gobierno encabezado por el Doctor Tabaré Vázquez.

 Desde los movimientos pro vida la decisión fue elogiada, mientras que desde los grupos promotores de la despenalización se impulsó el levantamiento del veto en el ámbito legislativo, aspecto que no prosperó, al tiempo que continuarán movilizándose para que el tema sea tratado en la próxima legislatura.

Ante los hechos, consultamos al Prebístero Alejandro Gallesio, cura párroco de la Iglesia de la Santísima Trinidad quien dio su visión sobre el tema.

¿Cómo se recibió la decisión del Presidente Tabaré Vázquez de vetar los artículos que despenalizaban el aborto?

Pbro: Alejandro Gallesio

En primer lugar creo que es de destacar y elogiar la actitud del Presidente (de la República Tabaré Vázquez), que es un hombre que en esta situación actuó de acuerdo con sus convicciones personales, convicciones que como sabemos, no son religiosas, él no es un hombre cristiano y que ha llegado a su postura contraria a la legalización del aborto por motivos humanos, científicos, por su propia experiencia como médico.

Eso es muy interesante, porque en todo este tema del aborto y de su eventual despenalización, los argumentos que manejamos no son religiosos, sino que son de sentido común, de sentido racional de la vida. Nosotros tenemos la razón que nos ayuda a proceder con justicia en la vida, nos ayuda a pensar las cosas, a darnos cuenta del bien y del mal. No que nos digan qué está bien y qué está mal.

Por donde se lo mire, todo el tema del aborto, nunca será un bien matar a alguien, nunca será ningún bien quitar la vida. No hay ningún motivo que sea tan grave para quitar la vida del vientre de una madre.

La vida humana existe desde el momento en que el óvulo y el espermatozoide se unen y forman un nuevo ser. Eso es innegable. Delante de esa realidad, nosotros no tenemos más que reconocer su existencia, y con todas las herramientas que tenemos a disposición, esa vida, ese nuevo ser, protegerlo y defenderlo.

Creo que también en este sentido –que no sólo ha sido la postura de la Iglesia Católica, sino de las iglesias cristianas en general- debemos buscar soluciones para las mujeres que se encuentran en la situación de tener que abortar.

Es muy fácil decirle a una mujer “te hacemos un aborto”, pero es mucho más difícil que la sociedad se encargue de esa mujer. Ahí hay una conciudadana, una compatriota, una compañera que necesita una ayuda. Que muchas veces está sola, pero también su compañero, su esposo, su novio.

Y el deber de la sociedad, si es que se considera madura, civilizada, integrada, una sociedad democrática de verdad, debe hacerse cargo de sus miembros, no dejarlos solos.

Lo único que hacía una Ley de este tipo es: a la mujer quitarle el problema y a la sociedad el cargo de conciencia.

En la sociedad seguimos haciendo abortos, y sigue siendo igual de injusta que antes, igual de discriminatoria que antes; igual de marginadora con las mujeres pobres que antes. Nada cambia. Una Ley de aborto no cambia nada.

En los países donde se despenalizó el aborto en realidad no se solucionó nada, al contrario, aumentó el número.

Ciertamente, los argumentos que manejamos –no sólo la Iglesia- los cristianos, todas las personas que estamos en contra de esta práctica, son argumentos de tipo humano.

Recuerdo una excelente fundamentación que hizo el Senador (Eleuterio) Fernández Huidobro (MPP-FA), a propósito también de este tema, y nadie puede decir que (Fernández) Huidobro sea religioso.

¿Los argumentos para impulsar la despenalización del aborto son coincidentes con los movimientos de otros países?

Hay otro tema muy importante que no podemos perder de vista, y es que las mismas leyes, con textos muy parecidos y con conceptos –sobre todo- iguales se están votando en todos los países de toda América Latina.

Estamos ante un movimiento de opinión pública a nivel latinoamericano que quiere modificar la cultura y la sociedad latinoamericana, y que están impulsando un conjunto de leyes que tienen que ver con la despenalización del aborto, con la eutanasia. También tiene relación con el reconocimiento de las uniones de hecho, con el permiso de adopción por parte de parejas homosexuales. O sea que es un paquete de ideas y de leyes, que se están votando en todos los países de América Latina.

Eso quiere decir que existen grupos en el mundo que les interesa que esto sea así.

La sociedad latinoamericana que tradicionalmente es bien integrada –si bien tiene muchos problemas-, pero existen valores que tenemos seguros. El respeto a la dignidad de las personas, la defensa de los más pobres, la importancia de la familia como educadora de los ciudadanos.

Eso ha sido característico de nuestro continente, y justamente esa es la estructura que se quiere modificar.

Lo importante del tema es que los movimientos que proponen el aborto en el Uruguay no son para nada originales, están repitiendo una receta que viene de los países centrales, del Norte.

Con una pretendida ideología progresista, en el fondo lo que se está haciendo es ser funcional al sistema, que se dice que se quiere combatir.

En esto se necesita estar bien informado y permanecer firmes en los valores que nos han caracterizado a nosotros. No se qué piensan en Holanda, en Australia o en Europa. Para nosotros la vida es sagrada, es muy importante y hacemos un compromiso en la sociedad para protegerla y para defenderla.

Por eso estamos en contra el aborto, y por eso quisiéramos que en la sociedad hayan más propuestas para las mujeres que están en situación de abortar. Que son muchas. Mujeres que por razones de familia o porque son adolescentes son inducidas a abortar.

Entre los argumentos de los defensores a la despenalización del aborto se dice que una ley favorable a dicha práctica terminaría con la existencia de las clínicas clandestinas, y por consiguiente mejoraría las condiciones en que se practica, y disminuirían las muertes de las mujeres. ¿Qué opina?

Sobre este punto nunca terminamos de saber bien. Nunca sabemos en realidad cuántos abortos se realizan por año. No hay modo de saberlo. Se podría determinar en base al porcentaje de embarazo que existe en la población, cuántas mujeres en edad de quedar embarazadas. No conozco en lo personal una investigación de ese tipo. Habría que realizar un estudio.

Ahora, a mí me parece que delante del aborto clandestino no hay un problema sobre si se puede hacerlo o no en una mutualista o en un hospital, sino que hay un problema cultural, social que está ligado a este tema. Hay jóvenes o señoras, mujeres de todo nivel que no quiere que se sepa que está embarazada, que no desean hacer público su embarazo.

En Trinidad, ir a la Médica (mutualista) a hacerse un aborto es quedar en la boca de todo el pueblo, ir al Hospital, todo el mundo se entera, por lo menos en principio.

El tema del aborto tiene que ver más que nada con un fenómeno cultural. La situación del aborto clandestino tiene más que ver con eso que si es legal o no. En lo personal, pienso que por más legal que sea el aborto no van a disminuir los abortos clandestinos.

Estoy de acuerdo que hay que eliminar el fenómeno, no sólo de las clínicas clandestinas, sino que no se practique el aborto. Tenemos que encargarnos de las situaciones de las mujeres embarazadas.

Esta Ley es contraria a la mujer. Es paradójico, sostenida por movimientos feministas, se impulsa una ley contra la mujer. ¿Porqué no hacemos lo posible para que la vida que se está gestando venga al mundo? Para que el futuro niño o niña que nazca sea feliz. Por qué no nos encargamos de eso, en vez de ingeniarnos a ver cómo vamos a hacer el aborto de una manera que no se note o que sea más limpio. Estamos trastocando y confundimos el orden de los valores.

¿La Ley que se impulsaba comprometía la situación de las mutualistas Círculo Católico y Hospital Evangélico, instituciones de origen cristiano?

Si, ponía a las mutualistas cristianas, con principios éticos preestablecidos en una situación de aprieto, pero creo que en definitiva iba a primar la conciencia ética de éstas mutualistas, y con la objeción de conciencia no se iban a ver obligadas a practicar abortos.

El tema de la despenalización va a continuar siendo planteado por parte de las organizaciones que están a favor, en la próxima legislatura. ¿Qué opina al respecto?

Quienes propusieron la Ley la van a volver a plantearla en el próximo gobierno. Además cuentan con fondos económicos para seguir haciendo publicidad y establecer estrategias de movilización. ¿Quién lo paga? ¿Quién paga la publicidad en Internet, en la televisión y en la radio?

Es bueno que la ciudadanía se pregunte, por eso creo que el tema va a volver.

Creo personalmente que no hay que fanatizarse con el tema. Hay que defender la vida pero no de forma fanática, y hay que ser siempre muy respetuoso de las personas. Vivimos en una sociedad que tiene que dar cabida a todas las ideas, aún aquellas que nos parecen que están en las antípodas de lo que creemos, o de lo que la sociedad debe ser.

Hay que incluir, pero siempre con el esfuerzo de clarificar cuál es la verdad del asunto, de cualquier tema. No la verdad política o la verdad que nos conviene, sino lo que se ajusta a los hechos como son.

Un hecho incontestable es que la vida humana existe desde el momento de la concepción, cuando el óvulo y el espermatozoide se unen. Esa es la verdad, ese es el hecho irrefutable, y desde ese momento y hasta el último instante de su vida esa va a ser un individuo, un ser humano.

Debemos respetar con la misma seriedad la vida de un adolescente de 14 años como la vida de un feto en el vientre de su madre. Esa es la verdad, y tenemos que aprender como sociedad que esa es la realidad de los hechos, no inventar cada uno la verdad.

Creo que la vida que es el primer elemento que a todos nos obliga a respetar al otro, como primer elemento esencial de la convivencia.

Respecto a las controvertidas declaraciones de Monseñor Nicolás Cotugno de excomulgar de la Iglesia Católica a los legisladores que votaran a favor del aborto, aspecto que fuera ratificado por la Conferencia Episcopal. ¿Finalmente se concretó?

Lo que hizo (Monseñor Nicolás) Cotugno fue repetir una normativa que existe para los católicos. Eso fue extraído de una entrevista que brindó a un medio de prensa, donde habló sobre varios temas y luego se usó como título las declaraciones sobre la excomulgación.

Lo que la Iglesia dice para los católicos practicantes –no para aquellos que un día fueron bautizados o que fueron a un colegio, y que hoy sólo les queda el certificado o el recuerdo de la primera comunión- nosotros tenemos prohibido hacer, participar, promover, pagar, todo lo que tenga que ver con el aborto.

Si algún católico se encuentra en esta situación, por el hecho de estar en esta situación, él mismo decide ponerse por fuera de la comunión, sale de la comunidad. Para eso existe el perdón. Cuando la persona reconoce su situación la comunidad lo recibe nuevamente. Porque la comunidad cristiana acoge a un hermano que cae. Cae el Papa, cae Cotugno, caigo yo, todos tenemos nuestras miserias y nuestros pecados.

Como sacerdote tengo experiencia de haber conversado y haber sido instrumento para el perdón de Dios en señoras que se han hecho un aborto, o para otras situaciones particulares.

La vida es tan seria, es tan importante, que nos obligamos –los católicos y las demás iglesias cristianas- a defenderla, y el que no la defiende, por la actitud que toma se pone por fuera de la comunidad.

Eso que me parece que es sencillo y entendible, fue usado contra (Monseñor) Cotugno en la entrevista. Porque pegarle a Cotugno tiene prensa y pegarle a la Iglesia tiene micrófono, tiene cámara.

En base a su experiencia sacerdotal ¿cuál es la situación psicológica que experimenta una mujer que se practica un aborto, luego de haberlo concretado?

Me animaría a decir que ninguna mujer que se practica un aborto lo quiere hacer. Por alguna situación se vio obligada a hacerlo. Ese hecho, que la persona se ve obligada a hacer algo que no quiere y algo que toca la fibra más intima de la mujer que es la maternidad, el aborto provoca una herida en el interior de la persona que tiene que sanar.

A veces hay heridas interiores que lleva mucho tiempo sanarla. Podemos pensar, cuánto tiempo nos lleva elaborar el duelo de una muerte de un ser querido. Se trata de un proceso.

Acompañar a una persona que ha vivido la experiencia traumática de un aborto es empezar con ella un proceso, que tiene que tener apoyos terapéutico, psicológico, familiar y espiritual.

Creo que la comunidad cristiana, la familia tienen un rol sanador. Hay que hablar de las mujeres que viven la situación de un aborto con mucho respeto. Tiene mucho que ver con la edad de la persona, con la circunsstancia.

Desde la perspectiva de la fe, Dios no le cierra la puerta a nadie, y eso me gustaría que la gente lo descubriera. Y aunque a veces le damos a Dios el portazo en la cara, Dios siempre está ahí, y siempre tenemos la oportunidad de volver a él.