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REPORTAJE DE LA SEMANA
Periodista: Samuel Larrauri

Ps. Eduardo Cardarello

De Trinidad a Nueva York

Psicólogo de profesión, Presidente de la Comisión Departamental Honoraria del Discapacitado, Eduardo Cardarello participó de uno de los eventos deportivos más importantes a nivel del atletismo como lo es la Maratón de Nueva York, actividad que reúne a 40.000 deportistas de todo el mundo con un objetivo: ser protagonistas de dicho espectáculo de masas.

Diez fueron los días en que el mencionado psicólogo estuvo presente en la cosmopolita ciudad norteamericana, del 27 de octubre al 8 de noviembre del presente año, aspecto sobre el cual dialogamos en la siguiente entrevista.

La maratón de Nueva York ¿un sueño hecho realidad?

Es un sueño personal cumplido, es un pequeño gran sueño. Tuve la suerte y el privilegio de participar en la Maratón de Nueva York, que es el espectáculo deportivo más grande del mundo en función de la cantidad de personas que participan.

Ps. Eduardo Cardarello

Participan 40.000 atletas que corren –es el cupo- y se presume que hay tres millones de personas mirando en forma directa la carrera, durante todo el recorrido. Es una manifestación popular nunca vista, es una fiesta increíble. Es un privilegio haber podido participar en un acontecimiento de esa naturaleza.

Soy un atleta aficionado, lo mío es algo muy artesanal, no sé si soy un atleta, o simplemente un corredor. Corro porque me hace bien, porque me gusta, porque hace bien a nivel físico y mental.

Es una disciplina y un hábito que adquirí hace doce años atrás que vengo cumpliendo con mucha satisfacción y mucho entusiasmo.

Como todas las cosas en la vida, me gusta ir a más. Lo que empezó hace doce años con un amigo en el Parque (Centenario), intentando correr una vuelta con 110 kilos que pesaba en aquel momento –no pude dar una vuelta- hoy me encuentro corriendo una maratón de 42 kilómetros, mi tercera maratón. Había corrido dos en Buenos Aires en el 2006 y en el 2007.

La experiencia personal para mí es gratísima, porque detrás de todo esto hay todo un trabajo, toda una disciplina, todo un entusiasmo que es digno de poder comentarlo, no por un tema de autoestima personal, sino para compartir con las personas y dejar un mensaje que si uno se pone metas en la vida y las abraza con fervor, con disciplina, con entusiasmo, no hay distancia que no se pueda recorrer, ni meta que no se pueda cumplir.

Es un pequeño mensaje que sí se puede, recorrer lo que uno se plantea en la vida, quizás para algunos pueda ser algo menor o una tontería. Es un mensaje más de lo simbólico de que sí se puede.

Experiencia poco habitual para nuestro medio ¿qué se siente estar acompañado por una multitud de atletas y de público presenciando?

Sí no es habitual, por eso me gusta compartir con las demás personas, con mucha gente que me alentó.

En realidad, es una expresión deportiva mayor. Se hace en Estados Unidos y ellos son los reyes del espectáculo y lo saben hacer muy bien.

Más allá de lo atlético, la maratón parece un espectáculo cinematográfico, uno cuando va corriendo parece que está metido dentro de una película. Imaginate 40.000 corredores, es imposible salir todos juntos, cada veinte minutos salían tandas de 6000 personas, recorrer las calles de Nueva York, todos los Distritos, una ciudad fantástica con una energía especial, con dos millones y medio de personas presenciando en forma directa y alentando la carrera con fervor durante todo el recorrido.

Inclusive, había espectáculos artísticos en el recorrido de la maratón, como bandas de rock, de blues, de jazz, filarmónicas, sinfónicas, bandas de todo tipo, música permanentemente, que daba gana de pararse a escucharlas porque eran de primer nivel.

Realmente una fiesta, uno que tenía que ir corriendo y que en lo personal los últimos kilómetros se hacían bastante duros, por encima de todo, de haber logrado una meta que me había propuesto, haber participado en un espectáculo de esa naturaleza es increíble.

No es necesario ir a Nueva York para recorrer 42 kilómetros, hay otras acá que están más cercanas, como la maratón Trinidad – Durazno, en Montevideo, en Buenos Aires, y tampoco hay que recorrer tantos kilómetros. En definitiva las metas y el alcance son tan personales como personas que existen. Pero sí decir que sí se puede cuando uno lo hace con muchas ganas y con disciplina.

¿Hubo otros uruguayos que participaron de la maratón?

Sí. Cada país tiene cierto número de cupos por el alcance mundial de la maratón. Uruguay tenía veinte, pero Argentina se llevó algunos y quedó con quince. Creo que no había más de quince personas.

Había representantes de 137 países, está representado todo el mundo representado en la maratón.

Una cosa increíble, hacía mucho frío, había 4º C cuando salimos. Salí con dos buzos de lana porque era imposible correr. Yo había llevado la camiseta de Uruguay, y recién en el kilómetro 22 o 23 me los pude sacar, y a partir de ahí pude sentir que la gente te gritaba: “Uruguay, vamos arriba Uruguay” en un lugar tan lejano como Nueva York era muy emocionante sentir eso.

¿En qué lugar quedó posicionado Cardarello?

Para los cabalistas y quinieleros, salí a los 19608, casi subí al podio…

En realidad no me interesa el lugar en el cual quedé, para mí lo importante era correr, y en segundo lugar llegar, si bien mejoré mis tiempos, que era lo que yo aspiraba, más allá de poder correrla.

Quedé en el lugar 19608, a mitad de tabla, son 40.000 personas las que la corren.

Pensaba la trascendencia que tiene la maratón para Nueva York. Imaginate que la gente salía a las 7 de la mañana hasta la 1 de la tarde para mirarla, que dos millones y medio se arrimen a verla –pero aparte no miraban con timidez- la miraban con un entusiasmo increíble, alentaban permanentemente. Indudablemente hay un compromiso y una adhesión del pueblo neoyorquino hacia esta maratón en una forma que llama la atención.

Si será de importancia la maratón, si tendrá un lugar de trascendencia que el New York Times, uno de los diarios más importantes del mundo, publica los nombres de todos los competidores que llegan antes de las 5 horas, son hojas y hojas de diario. Eso habla un poco a las claras lo que significa dicho evento deportivo, que está inscripto en el calendario de Nueva York desde hace cincuenta años.

¿Qué sintió al estar inmerso en una multitud de atletas? Usted decía que salían tandas de 6000 personas.

Salíamos desde el puente de Nueva York, que tiene dos pisos. Me tocó salir por abajo. Es muy emocionante, cada 20 minutos salir tandas de 12.000 personas, 6000 por arriba y otras 6000 por abajo.

En el momento de partida te piden silencio, se produce un silencio absoluto e inmediatamente se produce una explosión y empieza la música de Frank Sinatra “New York” por todo el puente. Realmente un grado de emotividad que te da una energía extra, que te la da el entorno y toda la fiesta que es la maratón.

Correr con tanta gente es algo muy a favor, te trasmite una inercia especial. La primera vez que corrí una distancia importante me fui hasta Durazno, y en realidad ir hasta allá solo no es lo mismo que en Nueva York con tanta gente. Se produce un fenómeno de masificación. La misma masa de gente lo va llevando a uno, más allá de la preparación previa que se debe tener.

Una experiencia que quedará marcada en su vida…

Sí. Creo que por toda mi vida va a quedar como un acontecimiento muy importante, cuando veo la maratón llego hasta emocionarme.

Es un sueño cumplido y vendrán otros sueños más adelante, pero me parece que está dentro de lo inolvidable para quien lo vive.

Más allá de lo lindo e importante de la maratón no debemos olvidarnos que esto es un proceso de mucho tiempo. Una maratón de 42 kilómetros requiere mucha exigencia física y mental. Lamentablemente murieron tres corredores, no es que las maratones sean nocivas, sino que probablemente esas personas tenían problemas o mal entrenamiento.

Se debe tener en cuenta que es un proceso de muchos años. Las metas son como escaleras, escalón por escalón. Nuestra mente y nuestro cuerpo se deben ir habituando a cierto tipo de exigencias, y a pensar que todo es posible.

¿Pudo percibir la inquietud del ciudadano norteamericano ante la crisis?

Es muy difícil. Personalmente me quedé en Manhatan, en el centro comercial de Nueva York, y no se puede tener una realidad total del tema. Es como querer interpretar la realidad de Uruguay desde Pocitos (Montevideo).

No sentí en ningún momento que se estuviera viviendo una crisis, por lo menos aparentemente. Sí comentarios de la gente de que hay una crisis internacional que les preocupaba. Lo que escuché mucho fue el tema del combustible.

El combustible es casi como el aire que respiran. Allá no existe caminar, quien más, quien menos tiene dos o tres autos en su casa y no existen las motos, es algo que me llamó la atención.

Una cosa es correr una maratón, que uno participa desde un lugar periférico en lo que es la esencia de un pueblo, de una sociedad.

Lo que sí me llamó la atención, que casualmente estuve el 4 de noviembre, que fue el día de las elecciones. Yo me voy de Uruguay un 30 de octubre, cinco días antes de las elecciones, con todo el fervor de las elecciones de Estados Unidos, acá se hablaba de (Barack) Obama, de (John) Mc Cain y llego a Nueva York y cuando me van a buscar al aeropuerto me llama la atención que no había ningún cartel. Le pregunto al chofer y me responde que no iba a ver nada, porque “las elecciones existen para ustedes, para los que no viven acá”.

Sobre el día de las elecciones en concreto ¿qué pudo apreciar en este marco que usted nos comenta?

Ese día salí a caminar, como lo hice los otros días. Es un día normal, laborable, era un martes. No vi ninguna cola que me llamara la atención, salvo una que había cerca de Wall Street, que me dijeron que era un circuito de votación, pero habría no más de 15 personas afuera, podía ser la cola de cualquier otro trámite.

Después de noche había dos lugares para esperar los resultados que eran el Rockefeller Center y en el Times Square Sport Time. Fui al Rockefeller Center que me quedaba más cerca del hotel donde me hospedaba, esperamos el resultado de las elecciones. Estoy en el momento justo en el que se proclama a (Barack) Obama como Presidente de la República. No te miento, no habría más de 500 personas. Te estoy hablando de Nueva York en una ciudad de 11:000.000 de habitantes.

Como anécdota, casualmente me encuentro con alguien de Flores, en pleno centro de Nueva York, Héctor Echegaray. Nos escucha hablar en español nos pregunta si somos argentinos, le decimos que somos uruguayos y él me dice que es uruguayo y que es de Flores.

Ese fue el día de las elecciones en Estados Unidos. Cuando entro en Internet, en los diarios uruguayos, todos hablaban del triunfo de Obama. En Nueva York nadie me hizo ningún comentario. Vi una pequeña manifestación de 4 o 5 personas, por lo que significaba que un negro llegara a Presidente por primera vez.