Participan 40.000 atletas
que corren –es el cupo- y se presume
que hay tres millones de personas mirando en forma directa la
carrera, durante todo el recorrido. Es una manifestación
popular nunca vista, es una fiesta increíble. Es un privilegio
haber podido participar en un acontecimiento de esa naturaleza.
Soy un atleta aficionado, lo mío es algo muy artesanal,
no sé si soy un atleta, o simplemente un corredor. Corro
porque me hace bien, porque me gusta, porque hace bien a nivel
físico y mental.
Es una disciplina y un hábito que adquirí hace
doce años atrás que vengo cumpliendo con mucha
satisfacción y mucho entusiasmo.
Como todas las cosas en la vida, me gusta
ir a más. Lo
que empezó hace doce años con un amigo en el Parque
(Centenario), intentando correr una vuelta con 110 kilos que
pesaba en aquel momento –no pude dar una vuelta- hoy me encuentro
corriendo una maratón de 42 kilómetros, mi tercera
maratón. Había corrido dos en Buenos Aires en el
2006 y en el 2007.
La experiencia personal para mí es gratísima,
porque detrás de todo esto hay todo un trabajo, toda una
disciplina, todo un entusiasmo que es digno de poder comentarlo,
no por un tema de autoestima personal, sino para compartir con
las personas y dejar un mensaje que si uno se pone metas en la
vida y las abraza con fervor, con disciplina, con entusiasmo,
no hay distancia que no se pueda recorrer, ni meta que no se
pueda cumplir.
Es un pequeño mensaje que sí se puede, recorrer
lo que uno se plantea en la vida, quizás para algunos
pueda ser algo menor o una tontería. Es un mensaje más
de lo simbólico de que sí se puede.
Experiencia poco habitual para nuestro
medio ¿qué se
siente estar acompañado por una multitud de atletas
y de público presenciando?
Sí no es habitual, por eso me gusta compartir con las
demás personas, con mucha gente que me alentó.
En realidad, es una expresión deportiva mayor. Se hace
en Estados Unidos y ellos son los reyes del espectáculo
y lo saben hacer muy bien.
Más allá de lo atlético, la maratón
parece un espectáculo cinematográfico, uno cuando
va corriendo parece que está metido dentro de una película.
Imaginate 40.000 corredores, es imposible salir todos juntos,
cada veinte minutos salían tandas de 6000 personas, recorrer
las calles de Nueva York, todos los Distritos, una ciudad fantástica
con una energía especial, con dos millones y medio de
personas presenciando en forma directa y alentando la carrera
con fervor durante todo el recorrido.
Inclusive, había espectáculos artísticos
en el recorrido de la maratón, como bandas de rock, de
blues, de jazz, filarmónicas, sinfónicas, bandas
de todo tipo, música permanentemente, que daba gana de
pararse a escucharlas porque eran de primer nivel.
Realmente una fiesta, uno que tenía que ir corriendo
y que en lo personal los últimos kilómetros se
hacían bastante duros, por encima de todo, de haber logrado
una meta que me había propuesto, haber participado en
un espectáculo de esa naturaleza es increíble.
No es necesario ir a Nueva York para recorrer
42 kilómetros,
hay otras acá que están más cercanas, como
la maratón Trinidad – Durazno, en Montevideo, en Buenos
Aires, y tampoco hay que recorrer tantos kilómetros. En
definitiva las metas y el alcance son tan personales como personas
que existen. Pero sí decir que sí se puede cuando
uno lo hace con muchas ganas y con disciplina.
¿Hubo otros uruguayos que participaron de la
maratón?
Sí. Cada país tiene cierto número de cupos
por el alcance mundial de la maratón. Uruguay tenía
veinte, pero Argentina se llevó algunos y quedó con
quince. Creo que no había más de quince personas.
Había representantes de 137 países, está representado
todo el mundo representado en la maratón.
Una cosa increíble, hacía mucho frío, había
4º C cuando salimos. Salí con dos buzos de lana porque
era imposible correr. Yo había llevado la camiseta de
Uruguay, y recién en el kilómetro 22 o 23 me los
pude sacar, y a partir de ahí pude sentir que la gente
te gritaba: “Uruguay, vamos arriba Uruguay” en un lugar tan lejano
como Nueva York era muy emocionante sentir eso.
¿En qué lugar quedó posicionado
Cardarello?
Para los cabalistas y quinieleros, salí a los 19608,
casi subí al podio…
En realidad no me interesa el lugar en el
cual quedé,
para mí lo importante era correr, y en segundo lugar llegar,
si bien mejoré mis tiempos, que era lo que yo aspiraba,
más allá de poder correrla.
Quedé en el lugar 19608, a mitad de
tabla, son 40.000 personas las que la corren.
Pensaba la trascendencia que tiene la maratón para Nueva
York. Imaginate que la gente salía a las 7 de la mañana
hasta la 1 de la tarde para mirarla, que dos millones y medio
se arrimen a verla –pero aparte no miraban con timidez- la miraban
con un entusiasmo increíble, alentaban permanentemente.
Indudablemente hay un compromiso y una adhesión del pueblo
neoyorquino hacia esta maratón en una forma que llama
la atención.
Si será de importancia la maratón, si tendrá un
lugar de trascendencia que el New York Times, uno de los diarios
más importantes del mundo, publica los nombres de todos
los competidores que llegan antes de las 5 horas, son hojas y
hojas de diario. Eso habla un poco a las claras lo que significa
dicho evento deportivo, que está inscripto en el calendario
de Nueva York desde hace cincuenta años.
¿Qué sintió al estar inmerso en
una multitud de atletas? Usted decía que salían
tandas de 6000 personas.
Salíamos desde el puente de Nueva York, que tiene dos
pisos. Me tocó salir por abajo. Es muy emocionante, cada
20 minutos salir tandas de 12.000 personas, 6000 por arriba y
otras 6000 por abajo.
En el momento de partida te piden silencio,
se produce un silencio absoluto e inmediatamente se produce
una explosión y empieza
la música de Frank Sinatra “New York” por todo el puente.
Realmente un grado de emotividad que te da una energía
extra, que te la da el entorno y toda la fiesta que es la maratón.
Correr con tanta gente es algo muy a favor,
te trasmite una inercia especial. La primera vez que corrí una distancia
importante me fui hasta Durazno, y en realidad ir hasta allá solo
no es lo mismo que en Nueva York con tanta gente. Se produce
un fenómeno de masificación. La misma masa de gente
lo va llevando a uno, más allá de la preparación
previa que se debe tener.
Una experiencia que quedará marcada
en su vida…
Sí. Creo que por toda mi vida va a quedar como un acontecimiento
muy importante, cuando veo la maratón llego hasta emocionarme.
Es un sueño cumplido y vendrán otros sueños
más adelante, pero me parece que está dentro de
lo inolvidable para quien lo vive.
Más allá de lo lindo e importante de la maratón
no debemos olvidarnos que esto es un proceso de mucho tiempo.
Una maratón de 42 kilómetros requiere mucha exigencia
física y mental. Lamentablemente murieron tres corredores,
no es que las maratones sean nocivas, sino que probablemente
esas personas tenían problemas o mal entrenamiento.
Se debe tener en cuenta que es un proceso
de muchos años.
Las metas son como escaleras, escalón por escalón.
Nuestra mente y nuestro cuerpo se deben ir habituando a cierto
tipo de exigencias, y a pensar que todo es posible.
¿Pudo percibir la inquietud
del ciudadano norteamericano ante la crisis?
Es muy difícil. Personalmente me quedé en
Manhatan, en el centro comercial de Nueva York, y no se puede
tener una realidad total del tema. Es como querer interpretar
la realidad de Uruguay desde Pocitos (Montevideo).
No sentí en ningún momento que se estuviera viviendo
una crisis, por lo menos aparentemente. Sí comentarios
de la gente de que hay una crisis internacional que les preocupaba.
Lo que escuché mucho fue el tema del combustible.
El combustible es casi como el aire que respiran.
Allá no
existe caminar, quien más, quien menos tiene dos o tres
autos en su casa y no existen las motos, es algo que me llamó la
atención.
Una cosa es correr una maratón, que uno participa desde
un lugar periférico en lo que es la esencia de un pueblo,
de una sociedad.
Lo que sí me llamó la atención, que casualmente
estuve el 4 de noviembre, que fue el día de las elecciones.
Yo me voy de Uruguay un 30 de octubre, cinco días antes
de las elecciones, con todo el fervor de las elecciones de Estados
Unidos, acá se hablaba de (Barack) Obama, de (John) Mc
Cain y llego a Nueva York y cuando me van a buscar al aeropuerto
me llama la atención que no había ningún
cartel. Le pregunto al chofer y me responde que no iba a ver
nada, porque “las elecciones existen para ustedes, para los que
no viven acá”.
Sobre el día de las elecciones en concreto ¿qué pudo
apreciar en este marco que usted nos comenta?
Ese día salí a caminar, como lo hice los otros
días. Es un día normal, laborable, era un martes.
No vi ninguna cola que me llamara la atención, salvo una
que había cerca de Wall Street, que me dijeron que era
un circuito de votación, pero habría no más
de 15 personas afuera, podía ser la cola de cualquier
otro trámite.
Después de noche había dos lugares
para esperar los resultados que eran el Rockefeller Center y
en el Times Square Sport Time. Fui al Rockefeller Center que
me quedaba más
cerca del hotel donde me hospedaba, esperamos el resultado de
las elecciones. Estoy en el momento justo en el que se proclama
a (Barack) Obama como Presidente de la República. No te
miento, no habría más de 500 personas. Te estoy
hablando de Nueva York en una ciudad de 11:000.000 de habitantes.
Como anécdota, casualmente me encuentro con alguien de
Flores, en pleno centro de Nueva York, Héctor Echegaray.
Nos escucha hablar en español nos pregunta si somos argentinos,
le decimos que somos uruguayos y él me dice que es uruguayo
y que es de Flores.
Ese fue el día de las elecciones en Estados
Unidos. Cuando entro en Internet, en los diarios uruguayos, todos
hablaban del triunfo de Obama. En Nueva York nadie me hizo ningún
comentario. Vi una pequeña manifestación de 4 o
5 personas, por lo que significaba que un negro llegara a Presidente
por primera vez.
|