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REPORTAJE DE LA SEMANA
Periodista: Samuel Larrauri
 

Prof. Margarita Echeverría:

“Ese edificio para mí tiene una enorme trascendencia, un valor afectivo tremendo porque es triple en recuerdos”

En el año 1916 el primer Liceo del Departamento de Flores abría sus puertas a los jóvenes de Trinidad con la finalidad de ampliar los horizontes educativos de dichos ciudadanos y así dar respuesta a la Ley de 1912 que estableció la creación de los mismos.

Hoy, a casi 100 años de su construcción el mencionado edificio afrontará un radical cambio arquitectónico para adecuar la estructura a los nuevos tiempos y así ampliar su capacidad para albergar a los futuros maestros y profesores que se forman en el Instituto.

Esta nueva etapa motivó la realización de un acto de ex alumnos del viejo liceo para despedir la antigua estructura que fue escenario de vivencias de varias generaciones.

La maestra y profesora Margarita Echeverría compartió con Agenda Informativa sus vivencias durante los primeros años de la cuarta década del Siglo XX.

¿Qué significó para usted el viejo liceo, hoy Instituto de Formación Docente?

Margarita Echeverría

Ese edificio para mí tiene una enorme trascendencia, un valor afectivo tremendo porque es triple en recuerdos.

En primer lugar, del (19)42 al (19)45 fui alumna del liceo.

En el (19)48 que yo estudiaba Magisterio y venían las mesas examinadoras de Montevideo, ese año vinieron al liceo porque nosotros en los años anteriores íbamos a Durazno a dar exámenes, pero en ese año vinieron acá y los exámenes los tomaron en el liceo, porque las clases eran en la Escuela Artigas y no era el lugar adecuado.

Ahí fue el último año en el que obtuve el título de maestra. Yo al mismo tiempo que hacía Magisterio estudiaba inglés y en el año 1952 comencé a trabajar como profesora.

Así que para mí tiene un valor afectivo impresionante, por eso fue que me produjo mucha emoción cuando vinieron dos ex alumnos de muchos años, a decirme que querían despedir el edificio porque para ellos se cerraba una etapa.

Muchos querían que yo dijera unas palabras en el acto que se hizo el sábado pasado (14 de febrero), donde junto a otros profesores lo despedimos (al viejo liceo). Yo hablé más como alumna que como profesora porque precisamente otros hablaron sobre otros temas.

Este Liceo (actual Instituto de Formación Docente) fue fundado por Ley en 1912, como todos los liceos del interior, pero pasó a funcionar en el local de Puig en 1916.

Precisamente había un señor, don Jesús López, un comerciante de Trinidad, que fue quien se encargó de construir el edificio del liceo para alquilarlo a la institución.

¿Qué recuerdos tiene?

Los recuerdos que tengo son enormes, compañeros de clase han fallecido muchos, pero quedan en el medio algunos con quienes recordamos aquellas épocas de nuestro liceo.

Hoy el edificio está cambiado, porque por ejemplo existía el salón de Química, que tenía una tarima levantada, sobre la cual descansaban los asientos para hacer rendir más el tamaño del salón. Eso hace tiempo que no está.

El salón de la Biblioteca que se usaba también para los actos públicos, ese lo dividieron para poder aprovecharlo de mejor forma. El patio, que tal vez para los estudiantes es lo que mayor recuerdo nos deja, porque es donde charlábamos, nos reíamos, en los recreos teníamos nuestros temas, ese patio hace mucho tiempo que desapareció. Era característico un baldosón blanco y otro negro, como un tablero de ajedrez, hoy hace tiempo que no existe.

Después al fondo el famoso salón, el lugarcito de los bizcochos y los refuerzos, que en la época que yo era estudiante estaba a cargo de don Visitación Sequeira, y después siguió siendo su hijo Carlitos Sequeira y me cuentan que anteriormente había sido el abuelo de Carlitos. Así que tres generaciones trabajaron en la cantina para saciar el apetito de los alumnos del liceo.

Cuando yo fui alumna del Liceo, el Director era don José H. Dell`Acqua, después cuando empecé como profesora fue el profesor Héctor Vazcance, una persona exquisita, que no era de acá, venía del Liceo de Young, pero fue siempre muy recordado por todos los alumnos y posteriormente fue la señora Blanca Vallés de Castrocorbo que había sido profesora mía en el liceo. También una persona excelente de un trato exquisito. Esa fue la última Directora de este liceo. Precisamente fue hasta el 1 de abril del (19)59, oportunidad en que con la directora, el Secretario, don Carlos Brignoni Mosquera, también muy recordado, se clausuró el Liceo.

Previamente los alumnos cantaron el Himno y el recordado profesor Luis Alberto Echeverri dijo unas palabras muy emotivas.

Posteriormente, coincide que el liceo actual (Nº1) está en la misma vía de tránsito, Alfredo J. Puig y ahí caminamos hasta el nuevo liceo y cada uno se dirigió a dictar sus clases.

Un ex alumno, me recordaba cómo le habían quedado grabadas las palabras del profesor Echeverri –que fue el que despidió el liceo- dice que un día les decía “la gente dice el tiempo es oro, no lo pierdas; pero no el tiempo no es oro, es mucho más que oro, porque el oro se puede recuperar, pero el oro no”.

¿Qué otros recuerdos o anécdotas puede contarnos?

Una cosa que queda en el recuerdo es el patio de baldosones blancos y negros, que tantos recuerdos lindos nos brindó, había algunos alumnos que a veces no tenían momentos tan agradables.

Me acuerdo siempre un profesor, que cuando los alumnos cometían alguna incorrección, los mandaba a cerrar la puerta por el lado de afuera. Como todos los salones daban a ese patio sabían que tenían que pasar el resto del tiempo y esperar a que sonara el timbre. Por eso hay recuerdos que no son tan gratos.

También, en la tarima del salón de química, que era hueca, cuando yo era alumna, uno de los compañeros –no se la razón, quizás porque no había estudiado- se escondió durante toda la clase debajo de esa tarima, los nervios que pasamos pensando que hiciera algún ruido y fuera descubierto.

Otro día, me acuerdo, el profesor de química iba a preparar una clase sobre el cloro, y nos dijo “miren que esto puede producirles tos”. Harían minutos que estábamos en la preparación cuando ya un alumno empezó a toser –por supuesto que no le producía nada- entonces detrás de ese empezaron a toser otro y otro, y ese día no dimos la clase.

Son recuerdos que quedan de esa época tan feliz que es la de la adolescencia, que es una de las etapas más lindas de la vida.

¿Cómo se constituían las clases en aquel momento? ¿Eran grupos numerosos?

Estaba contando en una foto que vi los otros días, que nosotros éramos veinte y te puedo decir para que compares con la actualidad que había dos Primeros, dos Segundos, un Tercero y un Cuarto. Como siempre en Tercero y Cuarto disminuían por los alumnos que abandonaban y nos reuníamos en Tercero y en Cuarto, así que te puedes imaginar que eran poco numerosas las clases.

¿El sistema era distinto, no existía el Bachillerato como lo conocemos en la actualidad?

En la época que yo concurría como alumna, el Bachillerato no existía, los alumnos iban a Durazno a hacerlo, pero se creó estando yo como profesora en el Liceo. Ahora los programas, claro eran distintos.

El inglés, por ejemplo, desde que yo fui alumna, desde que fui profesora y en la actualidad el sistema ha cambiado. En aquel momento usábamos el dibujo para la enseñanza y ahora usan el vídeo.

Usted vivenció desde dos puntos de vista dentro del liceo, como alumna y profesora…

Para mí la docencia fue algo maravilloso, porque de maestra trabajé pocos años, empecé en el (19)49 y en el (19)52 en el Liceo. Cuando nació mi hijo mayor, ya era mucho estar fuera de casa, entonces elegí seguir en Secundaria para poder atender mejor el hijo que había nacido.

En cuanto a los alumnos puedo decir, que tuve siempre un cariño enorme y digo siempre lo que me significa salir a la calle porque en cada lugar que voy encuentro alumnos.

Trabajé treinta años, siete grupos tenía casi siempre, en treinta años siete grupos es increíble los alumnos que tuve. Siempre me encuentro con ellos, conversamos, se acuerdan de alguna anécdota, recuerdan mucho mi manera de ser en la clase.

El otro día estuve con una alumna que nunca se olvidó que cuando yo escribía en el pizarrón y se me terminaba la tiza yo demasiado sabía que ellos tenían la costumbre de sacar las tizas del lugar, y entonces les preguntaba “¿alguno se acordó traer alguna tiza de la casa?” para no decirle directamente…. Realmente fui muy feliz en la enseñanza.

Usted habla de la enseñanza de un segundo idioma, en este caso el inglés ¿qué lugar ocupaba en aquel momento en el sistema educativo?

Ni sombra al lugar que ocupa ahora. Te puedo decir que en ese año (1942) la única que estudiaba inglés fuera del Liceo era yo. También con los años que tengo encima, fui fundadora del Instituto Anglo. En el año (19)44, se fundó cuando yo hacía Tercero de Liceo.

Estuvo en calle Fondar, y después en donde está la Junta Departamental ahora, antes había sido el Club 25 (de Mayo). Ahí fue donde hice la mayor parte de la carrera.

Cada día me gustaba más el idioma. Ahora la pena que tengo es que últimamente no he tenido oportunidad de practicarlo, porque se pierde.

La experiencia de su pasaje por el Liceo quedó grabada…

Por supuesto que sí, porque en cada rincón del Liceo hay un recuerdo. Por eso la alegría que tenemos que la fachada va a quedar igual, cuando pasemos por el ex liceo veremos la puerta, las dos ventanas a la derecha y las dos ventanas a la izquierda, donde estaban el Secretario y la Directora, los demás eran salones. Realmente es una cosa que nos ha quedado grabada. Por eso me produjo una impresión tan favorable cuando vinieron unos ex alumnos con la noticia que iban a despedir al edificio del liceo.

Parece que ahora hay más frialdad, más indiferencia, frente a esas cosas, se vive de otra forma. Todo se ha tecnificado mucho y no hay tiempo para esos recuerdos, para esas vivencias tan lindas.

Aún quedan ex alumnos del viejo liceo que conservan la amistad y continúan reuniéndose…

Hay un grupo que lleva cincuenta años reuniéndose, que fue precisamente el grupo que hizo Preparatorio en el (19)58 en el Liceo. Por eso es que este año el Liceo Nº1 cumple sus cincuenta años.

De esos profesores fundadores del Liceo Nº1 quedamos muy pocos, que venimos del liceo viejo, es decir que dimos clase el 1 de abril de 1959.

¿Cómo fue la transición del viejo al nuevo edificio?

Claro, porque la amplitud de este liceo y con salones determinados para tal cosa, significó una cosa tremenda, ver el patio, que le llaman Preó, eso tan grande, para hacer los actos, que en el viejo liceo se hacían en la Biblioteca, que era un salón mucho más reducido.

¿Todas las vivencias ocupan un lugar importante en la vida?

Por supuesto. La enseñanza, en el momento en que uno está trabajando, no se da cuenta lo que significa después con los años.

Uno se encuentra, con abuelos, en el caso mío que trabajé durante muchos años, encuentro gente que es abuela, le pregunto por los hijos, me comentan que egresaron de la Universidad.

Todo es así, de tantos años que han pasado.