Ese edificio para mí tiene
una enorme trascendencia, un valor afectivo tremendo porque es
triple en recuerdos.
En primer lugar, del (19)42 al (19)45 fui alumna del liceo.
En el (19)48 que yo estudiaba Magisterio
y venían las
mesas examinadoras de Montevideo, ese año vinieron al
liceo porque nosotros en los años anteriores íbamos
a Durazno a dar exámenes, pero en ese año vinieron
acá y los exámenes los tomaron en el liceo, porque
las clases eran en la Escuela Artigas y no era el lugar adecuado.
Ahí fue el último año en el que obtuve
el título de maestra. Yo al mismo tiempo que hacía
Magisterio estudiaba inglés y en el año 1952 comencé a
trabajar como profesora.
Así que para mí tiene un valor afectivo impresionante,
por eso fue que me produjo mucha emoción cuando vinieron
dos ex alumnos de muchos años, a decirme que querían
despedir el edificio porque para ellos se cerraba una etapa.
Muchos querían que yo dijera unas palabras en el acto
que se hizo el sábado pasado (14 de febrero), donde junto
a otros profesores lo despedimos (al viejo liceo). Yo hablé más
como alumna que como profesora porque precisamente otros hablaron
sobre otros temas.
Este Liceo (actual Instituto de Formación Docente) fue
fundado por Ley en 1912, como todos los liceos del interior,
pero pasó a funcionar en el local de Puig en 1916.
Precisamente había un señor, don Jesús
López, un comerciante de Trinidad, que fue quien se encargó de
construir el edificio del liceo para alquilarlo a la institución.
¿Qué recuerdos tiene?
Los recuerdos que tengo son enormes, compañeros de clase
han fallecido muchos, pero quedan en el medio algunos con quienes
recordamos aquellas épocas de nuestro liceo.
Hoy el edificio está cambiado, porque por ejemplo existía
el salón de Química, que tenía una tarima
levantada, sobre la cual descansaban los asientos para hacer
rendir más el tamaño del salón. Eso hace
tiempo que no está.
El salón de la Biblioteca que se usaba también
para los actos públicos, ese lo dividieron para poder
aprovecharlo de mejor forma. El patio, que tal vez para los estudiantes
es lo que mayor recuerdo nos deja, porque es donde charlábamos,
nos reíamos, en los recreos teníamos nuestros temas,
ese patio hace mucho tiempo que desapareció. Era característico
un baldosón blanco y otro negro, como un tablero de ajedrez,
hoy hace tiempo que no existe.
Después al fondo el famoso salón, el lugarcito
de los bizcochos y los refuerzos, que en la época que
yo era estudiante estaba a cargo de don Visitación Sequeira,
y después siguió siendo su hijo Carlitos Sequeira
y me cuentan que anteriormente había sido el abuelo de
Carlitos. Así que tres generaciones trabajaron en la cantina
para saciar el apetito de los alumnos del liceo.
Cuando yo fui alumna del Liceo, el Director
era don José H.
Dell`Acqua, después cuando empecé como profesora
fue el profesor Héctor Vazcance, una persona exquisita,
que no era de acá, venía del Liceo de Young, pero
fue siempre muy recordado por todos los alumnos y posteriormente
fue la señora Blanca Vallés de Castrocorbo que
había sido profesora mía en el liceo. También
una persona excelente de un trato exquisito. Esa fue la última
Directora de este liceo. Precisamente fue hasta el 1 de abril
del (19)59, oportunidad en que con la directora, el Secretario,
don Carlos Brignoni Mosquera, también muy recordado, se
clausuró el Liceo.
Previamente los alumnos cantaron el Himno y el recordado profesor
Luis Alberto Echeverri dijo unas palabras muy emotivas.
Posteriormente, coincide que el liceo actual
(Nº1) está en
la misma vía de tránsito, Alfredo J. Puig y ahí caminamos
hasta el nuevo liceo y cada uno se dirigió a dictar sus
clases.
Un ex alumno, me recordaba cómo le habían quedado
grabadas las palabras del profesor Echeverri –que fue el que
despidió el liceo- dice que un día les decía “la
gente dice el tiempo es oro, no lo pierdas; pero no el tiempo
no es oro, es mucho más que oro, porque el oro se puede
recuperar, pero el oro no”.
¿Qué otros recuerdos o anécdotas
puede contarnos?
Una cosa que queda en el recuerdo es el patio
de baldosones blancos y negros, que tantos recuerdos lindos
nos brindó,
había algunos alumnos que a veces no tenían momentos
tan agradables.
Me acuerdo siempre un profesor, que cuando
los alumnos cometían
alguna incorrección, los mandaba a cerrar la puerta por
el lado de afuera. Como todos los salones daban a ese patio sabían
que tenían que pasar el resto del tiempo y esperar a que
sonara el timbre. Por eso hay recuerdos que no son tan gratos.
También, en la tarima del salón de química,
que era hueca, cuando yo era alumna, uno de los compañeros –no
se la razón, quizás porque no había estudiado-
se escondió durante toda la clase debajo de esa tarima,
los nervios que pasamos pensando que hiciera algún ruido
y fuera descubierto.
Otro día, me acuerdo, el profesor de química iba
a preparar una clase sobre el cloro, y nos dijo “miren que esto
puede producirles tos”. Harían minutos que estábamos
en la preparación cuando ya un alumno empezó a
toser –por supuesto que no le producía nada- entonces
detrás de ese empezaron a toser otro y otro, y ese día
no dimos la clase.
Son recuerdos que quedan de esa época tan feliz que es
la de la adolescencia, que es una de las etapas más lindas
de la vida.
¿Cómo se constituían las clases
en aquel momento? ¿Eran grupos numerosos?
Estaba contando en una foto que vi los otros
días, que
nosotros éramos veinte y te puedo decir para que compares
con la actualidad que había dos Primeros, dos Segundos,
un Tercero y un Cuarto. Como siempre en Tercero y Cuarto disminuían
por los alumnos que abandonaban y nos reuníamos en Tercero
y en Cuarto, así que te puedes imaginar que eran poco
numerosas las clases.
¿El sistema era distinto, no existía
el Bachillerato como lo conocemos en la actualidad?
En la época que yo concurría como alumna, el Bachillerato
no existía, los alumnos iban a Durazno a hacerlo, pero
se creó estando yo como profesora en el Liceo. Ahora los
programas, claro eran distintos.
El inglés, por ejemplo, desde que yo fui alumna, desde
que fui profesora y en la actualidad el sistema ha cambiado.
En aquel momento usábamos el dibujo para la enseñanza
y ahora usan el vídeo.
Usted vivenció desde dos puntos
de vista dentro del liceo, como alumna y profesora…
Para mí la docencia fue algo maravilloso, porque de maestra
trabajé pocos años, empecé en el (19)49
y en el (19)52 en el Liceo. Cuando nació mi hijo mayor,
ya era mucho estar fuera de casa, entonces elegí seguir
en Secundaria para poder atender mejor el hijo que había
nacido.
En cuanto a los alumnos puedo decir, que
tuve siempre un cariño
enorme y digo siempre lo que me significa salir a la calle porque
en cada lugar que voy encuentro alumnos.
Trabajé treinta años, siete grupos tenía
casi siempre, en treinta años siete grupos es increíble
los alumnos que tuve. Siempre me encuentro con ellos, conversamos,
se acuerdan de alguna anécdota, recuerdan mucho mi manera
de ser en la clase.
El otro día estuve con una alumna que nunca se olvidó que
cuando yo escribía en el pizarrón y se me terminaba
la tiza yo demasiado sabía que ellos tenían la
costumbre de sacar las tizas del lugar, y entonces les preguntaba “¿alguno
se acordó traer alguna tiza de la casa?” para no decirle
directamente…. Realmente fui muy feliz en la enseñanza.
Usted habla de la enseñanza de un segundo idioma,
en este caso el inglés ¿qué lugar ocupaba
en aquel momento en el sistema educativo?
Ni sombra al lugar que ocupa ahora. Te puedo
decir que en ese año (1942) la única que estudiaba inglés
fuera del Liceo era yo. También con los años que
tengo encima, fui fundadora del Instituto Anglo. En el año
(19)44, se fundó cuando yo hacía Tercero de Liceo.
Estuvo en calle Fondar, y después en donde está la
Junta Departamental ahora, antes había sido el Club 25
(de Mayo). Ahí fue donde hice la mayor parte de la carrera.
Cada día me gustaba más el idioma. Ahora la pena
que tengo es que últimamente no he tenido oportunidad
de practicarlo, porque se pierde.
La experiencia de su pasaje por el
Liceo quedó grabada…
Por supuesto que sí, porque en cada rincón del
Liceo hay un recuerdo. Por eso la alegría que tenemos
que la fachada va a quedar igual, cuando pasemos por el ex liceo
veremos la puerta, las dos ventanas a la derecha y las dos ventanas
a la izquierda, donde estaban el Secretario y la Directora, los
demás eran salones. Realmente es una cosa que nos ha quedado
grabada. Por eso me produjo una impresión tan favorable
cuando vinieron unos ex alumnos con la noticia que iban a despedir
al edificio del liceo.
Parece que ahora hay más frialdad, más
indiferencia, frente a esas cosas, se vive de otra forma. Todo
se ha tecnificado mucho y no hay tiempo para esos recuerdos,
para esas vivencias tan lindas.
Aún quedan ex alumnos del viejo liceo que conservan
la amistad y continúan reuniéndose…
Hay un grupo que lleva cincuenta años reuniéndose,
que fue precisamente el grupo que hizo Preparatorio en el (19)58
en el Liceo. Por eso es que este año el Liceo Nº1
cumple sus cincuenta años.
De esos profesores fundadores del Liceo Nº1
quedamos muy pocos, que venimos del liceo viejo, es decir que
dimos clase el 1 de abril de 1959.
¿Cómo fue la transición
del viejo al nuevo edificio?
Claro, porque la amplitud de este liceo y
con salones determinados para tal cosa, significó una cosa tremenda, ver el patio,
que le llaman Preó, eso tan grande, para hacer los actos,
que en el viejo liceo se hacían en la Biblioteca, que
era un salón mucho más reducido.
¿Todas las vivencias ocupan
un lugar importante en la vida?
Por supuesto. La enseñanza, en el momento en que uno
está trabajando, no se da cuenta lo que significa después
con los años.
Uno se encuentra, con abuelos, en el caso
mío que trabajé durante
muchos años, encuentro gente que es abuela, le pregunto
por los hijos, me comentan que egresaron de la Universidad.
Todo es así, de tantos años
que han pasado. |